Yakuza 4: Honor y mafia japonesa

La mafia japonesa sigue con sus embrollos en las calles de Tokio. Enlazando con muchos de los hechos que ya vimos en las entregas anteriores, Yakuza 4 nos pone en la piel de cuatro carismáticos personajes (un prestamista, un preso, un detective y el habitual Kazuma), cada cual con sus propias motivaciones.

Así, sus vidas se entrecruzan entre traiciones, corrupción policial y el recuerdo de un asesinato cometido hace 25 años, en un elaboradísimo guión plagado de cinemáticas.

El juego, con un estilo muy «japonés», combina a la perfección diversos géneros. Hay momentos de exploración, diálogos con otros personajes, combates o persecuciones que hacen que la aventura sea muy variada. Eso siempre y cuando sigamos la historia principal, que dura en torno a 20 horas. Aparte, hay decenas de misiones secundarias y minijuegos de lo más variopinto, como béisbol, golf, pesca, karaokes o la gestión de locales de señoritas poco recatadas.

Los combates son uno de los puntos fuertes. Cada personaje tiene su estilo de lucha y, además, podemos ejecutar golpes especiales y echar mano de objetos, como conos, bicicletas, katanas, pistolas… o incluso abetos. Según ganamos experiencia, desbloqueamos nuevas técnicas.

El apartado gráfico raya a un gran nivel, sobre todo en los vídeos, si bien en los combates hay algo de «clipping». Kamurocho, la recreación del barrio rojo de Tokio, está muy lograda, aunque es la que ya salía en el primer Yakuza.

El problema del juego es que no está traducido (los textos están en inglés, y las voces, en japonés). Es una verdadera lástima, porque la cantidad de diálogos es infinita. Pese a ello, Yakuza 4 rezuma calidad por los cuatro costados y su historia, su variedad y su extensa duración os engancharán sin remedio.

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