Dragon Age II: listo para jugar

Un nuevo héroe ha surgido en Ferelden. Hawke, el protagonista de esta aventura, es un refugiado que vivió desde el anonimato lo que vimos en el primer Dragon Age.

Pero su vida tranquila se acabó, y ahora tiene nada menos que 10 años para labrar su leyenda, desde que es un valiente chaval hasta que se convierte en campeón de Kirkwall. Y de paso, debe acabar con la amenaza de la oscura Ruina.

Una de las cosas que más llama la atención en esta segunda parte es que el sistema de combates ha cambiado mucho, con batallas más orientadas a la acción, en las que vemos que nuestra participación es mucho más activa.

Ya no basta con pulsar el botón de ataque y ver como nuestro personaje corre hasta el objetivo más cercano para enzarzarse de modo semiautomático en la pelea. Ahora nos movemos con libertad y, al atacar sin ningún rival cerca, simplemente damos un espadazo al aire, como en un juego de acción.

Pero no os asustéis, porque esto no evita que podamos pausar la acción en cualquier momento para dar órdenes a nuestros compañeros (o incluso alternar el control entre ellos) y planificar el combate con calma. Además, el menú radial se ha mejorado para hacerlo más sencillo y accesible, así que usarlo es más rápido que nunca.

Durante nuestro viaje podemos ir reclutando socios que nos acompañen, y hay para todos los gustos: desde una maga elfa repudiada por su propio clan, hasta un simpático y charlatán enano, entre otros. Todos tienen sus habilidades únicas, que junto a las de Hawke marcan la diferencia en los combates. Nuestra relación con ellos vuelve a ser fundamental ya que pueden traicionarnos, admirarnos y ofrecernos nuevas misiones. Además, esta vez nuestro personaje tiene voz y nuestro grupo reacciona de forma más creíble a nuestras decisiones gracias, en parte, a las nuevas expresiones faciales.

Este desarrollo más activo puede dejar descontentos a los puristas, pero tras unas horas vemos que las opciones estratégicas y de personalización de habilidades se mantienen.

El apartado gráfico, algo flojo en Origins, se ha renovado. Las animaciones y los modelos son muy realistas y la tasa de frames es estable. Las virtudes típicas de Bioware, como un argumento elaborado, un universo que parece existir al margen de nuestras aventuras o el elaborado sistema de diálogos y amistad, completan un título indispensable para los fans del buen rol.