Análisis de Brink II

Los objetivos en Brink son los habituales del género, y van desde escoltar a un personaje a proteger un equipo informático, o reventar una puerta. Todas las misiones integran al menos dos de estos objetivos (la gran mayoría suelen incluir 4) así como otros opcionales, como capturar puestos de control desde los que podemos reabastecernos o cambiar de clase en cualquier momento (sin tener que esperar a que nos maten). Cumplir estos objetivos nos da XP, con la que subimos de nivel (y desbloqueamos nuevas prendas, accesorios…).

En cuanto a las clases, hay 4: soldados, médicos, ingenieros y espías. Cada uno tiene roles muy específicos, como reparar maquinaria (ingenieros) o disfrazarnos (espías), así como acciones extra que refuerzan a nuestro equipo (como los médicos, que curan o dan salud extra), algunas orientadas a anular las habilidades del rival.

De este modo, los objetivos de cada misión nos invitan a cambiar de clase según las necesidades del equipo. Ademas, cada clase tiene habilidades que ‘compramos’ al subir de nivel, dando un tono aún más personal a nuestro personaje. A pesar de este gran planteamiento, los problemas empiezan si jugamos solos: la IA de nuestros acompañantes es floja, dejándonos a menudo solos ante un objetivo… y sin poder darles órdenes.

Brink sólo incluye 8 mapas, el doblaje es bastante flojo (algunas voces suenan amateur), los objetivos repetitivos, los gráficos mejorables, el parkour anecdótico (presionando L2 saltamos o nos deslizamos de forma automática), la historia queda reducida al máximo…

En fin, que al final nos queda un shooter muy orientado al multijugador que no consigue explotar a lo bestia sus rasgos diferenciadores y no innova demasiado (es un Enemy Territory puesto al día). Es un gran juego, pero con la oferta de shooters que hay, no consigue despuntar frente a monstruos como Black Ops o BFBC2.

Eso sí, es una excelente opción si estas cansado de tanta guerra, buscas una ambientación diferente y te gusta jugar por equipos.

Parte 1