Análisis de Brink I

Tras desarrollar Wolfenstein: Enemy Territory y Enemy Territory: Quake Wars, Splash Damage debuta en PS3 con un nuevo y muy esperado shooter subjetivo, que comparte con los anteriormente citados su orientación al multijugador y el juego en equipo.

Sobre el papel todo pintaba muy bien: acción subjetiva con toques de parkour, una interesante trama, una campaña individual y modo multijugador que se fusionan y que podemos jugar con el mismo personaje que va evolucionando, una estética muy diferente… Brink era toda una promesa para el género. Una promesa que, a la hora de jugar, cumple sólo en parte lo que prometía. Y es que, siendo un gran juego, esperábamos más a todos los niveles… pero no nos precipitemos.

Brink nos cuenta una apocalítptica historia: los océanos han subido de nivel y han sumergido los continentes. Sólo una ciudad flotante, conocida como Ark, resiste como único refugio de la humanidad. Su población crece deprisa, provocando enfrentamientos entre las fuerzas del orden y los revolucionarios. Así, tu primera elección será en qué bando jugarás, teniendo en cuenta que la campaña para un jugador difiere ligeramente según el bando elegido…

Tras elegir bando, el primer paso es crear a tu personaje. Puedes definir un montón de parámetros: cara, tatuajes, pelo, voz, ropa, colores… Muchas opciones están bloqueadas de primeras, pero a medida que nuestro personaje sube de nivel iremos desbloqueando nuevos elementos, así como armas, accesorios y habilidades.

El resultado son unas amplias opciones de personalización, con las que ningún personaje será parecido. Cada cada bando nos esperan 6 misiones (algunas idénticas pero desde la perspectiva contraria, otras diferentes) y 2 misiones extra con situaciones alternativas.

Todas están disponibles desde el comienzo del juego y la trama que las une es bastante endeble (casi accesoria), y se pueden jugar tanto solos como online, con otros 7 jugadores como compañeros y 8 enfrente intentando impedir que cumplamos los objetivos.

Parte 2