Análisis de Pilotwings: Resort

El regreso de Pilotwings, que debutase en Nintendo 64 hace casi veinte años, es un atractivo reclamo para generaciones talluditas y jugadores clásicos de las consolas de Nintendo.

A la vez, es un juego que en lo visual resulta tremendamente atractivo por las grandes panorámicas y la forma en que el escenario es mostrado en tres dimensiones. Al fin y al cabo, nuestro personaje flota en el aire y los objetos a los que se acerca y de los que se aleja están en torno a sus tres ejes.

La nitidez de la imagen y la profundidad de esta contrastan, sin embargo, con un juego que caduca una vez se han superado las 40 misiones disponibles. Más allá de esto no hay nada, ni un vuelo cooperativo online, ni siquiera una vista aérea en local o un ranking online.

Ni aprovecha StreetPass, ni la realidad aumentada -hubiera sido todo un detalle poder ver a nuestro hombre sobrevolando la mesa de la cocina en casa-, ni un uso de las cámaras para misiones del juego.

Por eso, Pilotwings: Resort, se queda en la superficie de lo que podía haber sido un gran juego y solo llega a ser bueno porque exprime de una forma extraordinaria la tecnología de las tres dimensiones.

Por su escasa rejugabilidad, el juego acabará en la estantería durante un tiempo hasta que volvamos a él. No decimos que no sea una de las compras recomendadas en esta primera hornada de juegos de 3DS, pues seguramente se convierta en un clásico por servir como demostración de lo que la consola puede llegar a dar de sí.